Para la
historia de los tres testigos utilizaremos el registro de José en Historia de la Iglesia:
“En el curso de la obra de la traducción descubrimos que el Señor proveería tres testigos especiales, a quienes les concedería ver las planchas de las que se traduciría esta obra (el Libro de Mormón); y que estos tres testigos darían testimonio de las mismas, como se puede ver en el Libro de Eter, capítulo 5, versículos 2, 3 y 4, y también en 2 Nefi, capítulo 11, versículo 3. Casi inmediatamente después de que hicimos este descubrimiento, Oliverio Cowdery, David Whitmer, y el antes mencionado Martín Harris (que había venido para informarse de nuestro progreso en la obra), me solicitaron que le preguntara al Señor si podrían ellos tener el privilegio de ser esos tres testigos especiales; y fueron tan insistentes y me apremiaban tanto, que finalmente accedí; y por medio del Urim y Tumim recibí del Señor para ellos lo siguiente:
Revelación
dada por medio de José Smith el profeta a Oliverio Cowdery, a David Whitmer y a
Martín Harris, en Fayette, Nueva York, en junio de 1829, antes de que vieran
ellos las planchas grabadas que contenían el relato del Libro de Mormón.”
José a
continuación registra la sección 17 de D&C, que empieza como sigue:
“He aquí, os digo que tenéis que confiar en mi palabra, y si lo hacéis con íntegro propósito de corazón, veréis las planchas, y también el pectoral, la espada de Labán, el Urim y Tumim que le fue dado al hermano de Jared en el monte, cuando habló cara a cara con el Señor, así como los directores milagrosos que recibió Lehí mientras se hallaba en el desierto, en las inmediaciones del Mar Rojo.”
El Señor a continuación les explica que ellos pueden obtener esta bendición por medio de la fe, ellos deberán testificar de estas cosas que verán, y que si son fieles, serán enaltecidos en el postrer día (véase D&C 17). José continúa su historia:
“No muchos días después de haber sido dado el anterior mandamiento, nosotros cuatro, es decir, Martín Harris, David Whitmer, Oliverio Cowdery y yo, acordamos retirarnos al bosque y tratar de obtener, por humilde y fervorosa oración, el cumplimiento de las promesas dadas en la revelación anterior: que los tres podrían contemplar las planchas. Por consiguiente, elegimos un lugar en el bosque cercano a la casa del señor Whitmer, a donde nos dirigimos, y poniéndonos de rodillas, empezamos a rogar con mucha fe, en oración al Dios Todopoderoso, que nos otorgara el cumplimiento de sus promesas.
“Según previo acuerdo, comencé yo en la oración en voz alta a nuestro Padre Celestial, y me sucedieron cada uno de los del grupo. No obstante, en nuestro primer intento no recibimos ninguna respuesta o manifestación de favor divino. Seguimos otra vez el mismo orden de oración, cada uno por turno invocando y orando fervientemente a Dios, pero con el mismo resultado.
“Después de este segundo intento Martín Harris propuso retirarse de nosotros, pensando, según expresó, que su presencia era la causa de que no obtuviéramos lo que deseábamos. Por tanto, se apartó de nosotros, y nos arrodillamos de nuevo; y no habíamos pasado mucho tiempo en oración cuando vimos una luz en el aire, arriba de nosotros, de un gran resplandor; y he aquí, apareció un ángel entre nosotros. En sus manos sostenía las planchas que habíamos estado orando para que ellos pudieran ver. Dio vuelta a las hojas una por una, para que pudiéramos verlas y distinguir con claridad los grabados sobre ellas. Entonces se dirigió a David Whitmer y le dijo: ‘David, bendito es el Señor, y el que guarda sus mandamientos’; inmediatamente oímos una voz que venía de la luz que resplandecía sobre nosotros, que decía: ‘Estas planchas han sido reveladas por el poder de Dios, y han sido traducidas por el poder de Dios. La traducción de ellas que habéis visto es correcta, y os mando que testifiquéis de lo que ahora veis y oís’.
“Entonces dejé a David y a Oliverio y fui en busca de Martín Harris, a quien encontré a bastante distancia, entregado a ferviente oración. No obstante, me dijo que no había podido llegar al Señor, y emotivamente me rogó que me uniera a él en oración para que pudiera tener las mismas bendiciones que nosotros acabábamos de recibir. Nos unimos, por tanto, en la oración, y por fin obtuvimos lo que deseábamos, pues antes de que hubiéramos terminado se desplegó la misma visión ante nosotros, al menos se desplegó otra vez ante mí, y una vez más vi y oí las mismas cosas; mientras que Martín Harris exclamaba, aparentemente en un éxtasis de gozo: ‘¡Es suficiente; es suficiente; mis ojos han visto; mis ojos han visto!”; y saltando, decía en alta voz: ‘¡Hosanna!’, bendiciendo a Dios y regocijándose en extremo.
“Habiendo recibido, por la misericordia de Dios, estas gloriosas manifestaciones, restaba que los tres cumplieran el mandamiento que habían recibido, es decir, dar testimonio de estas cosas; para lo cual redactaron y firmaron el siguiente documento:” (Él entonces registra el Testimonio de los Tres Testigos, véase Historia de la Iglesia, vol. 1, págs. 52-56)
Los tres testigos también ven la espada de Labán, la
Liahona, el Urim y Tumim, y el pectoral como se prometió en D. Y C. 17:1.
A pesar de que José no describe este suceso en la Historia de la Iglesia, David Whitmer es citado como sigue:
“No solo vimos las planchas del Libro de Mormón sino las planchas de bronce, las planchas del Libro de Eter, las planchas conteniendo los registros de la maldad y las secretas combinaciones de la gente del mundo hasta el tiempo de ser grabadas, y muchas otras planchas . . . allí aparecieron como eran, una mesa con muchos registros o planchas sobre ella, además de las planchas del Libro de Mormón, también la espada de Labán, los directores, por ejemplo, la esfera que tuvo Lehí y los intérpretes [Urim y Tumim]. Los vi tan claramente como estoy viendo esta cama (golpeando la cama junto a él con la mano), y escuché la voz del Señor, tan claramente como nunca antes había yo escuchado cosa alguna en mi vida declarando que los registros de las planchas del Libro de Mormón fueron traducidos por el don y poder de Dios.” (Entrevista en 1878 entre Orson Pratt y David Whitmer, registrada en Compendio del Libro de Mormón, págs. 55-56)
José se regocija de que otros han visto las planchas y se
les ha encomendado testificar de ellas.
Después de la visión celestial, los cuatro hombres regresaron a la granja de los Whitmer. La madre del profeta estaba allí en ese momento y escribió:
“Sería entre las tres y cuatro de la tarde cuando volvieron, La Sra. Whitmer, el Señor Smith y yo estábamos sentados en una recámara en ese momento.
Al
entrar, José vino y se echó a mi lado, y exclamó: ‘Papá, mamá, no saben lo
feliz que me siento; el Señor ahora ha hecho mostrar las planchas a tres aparte
de mí. Han visto un ángel que les ha testificado y tendrán que dar testimonio
acerca de la verdad de lo que yo he dicho, porque ahora saben por sí mismos que
yo no ando engañando a la gente; y me siento como si se me hubiera quitado de
encima una carga que podía soportar; y mi alma se goza porque ya no
tendré que estar solo en el mundo.” En seguida entró Martín Harris; parecía
estar casi dominado por el gozo y testificó osadamente acerca de lo que había
visto y oído. Lo mismo hicieron David y Oliverio, añadiendo que no había lengua
que pudiera expresar el gozo que sentían en el corazón, ni la grandeza de las
cosas que habían visto y oído.” (Historia
de José Smith por su Madre, pág. 153)