Antecedentes de Martín Harris

 

a)     La relación de Martín Harris con José y la familia Smith.

Martín Harris nació el 14 de Mayo de 1783 en el Condado de Saratoga, NY. A la edad de ocho años se mudó con su familia a un nuevo asentamiento llamado Palmyra. Permaneció allí hasta 1831 cuando emigró con los santos a Kirtland. Martín fue un próspero hombre de negocios y  granjero. Aún antes de la primera visión en 1820, Martín ya estaba familiarizado con los Smith, ya que había empleado a algunos de los hermanos Smith para trabajar en su granja. A fines de los 1820’s, Martín tenía un gran acercamiento con los Smith y estaba sumamente interesado en los recientes acontecimientos en la vida de José Smith. En la obra “Life” por G. Stevenson (pág. 164) hay un apunte en el diario de Edward Stevenson en el cual registra los sentimientos religiosos de Martín en esta declaración de Martín Harris:

 

“En el año de 1818, hace 52 años, fui inspirado por el señor e instruido por el espíritu a no unirme a ninguna iglesia, a pesar de que fui invitado con empeño por muchos de los sectarios . . .

 

“. . . El espíritu me dijo que no me uniera a ninguna de las iglesias, porque ninguna tenía la autoridad del Señor, porque no habría una iglesia verdadera sobre la tierra hasta que no se cumplieran las palabras de Isaías. Cuando me interrogaron particularmente, les dije, ‘Si cualquiera de estas iglesias es la iglesia de Cristo, los cristianos pueden reclamarme.  Pero unirme y estudiar [?] tanto como cualquier otro. El tiempo aún no les ha llegado para tomar ese nombre. En Antioquía ellos fueron llamados cristianos como burla. No, gracias por su nombre’. Así que me abstuve, porque no había autoridad, porque el espíritu me dijo que sería mejor que me sumergiera en el agua a que cualquiera de las sectas me bautizara.

 

“Así que me sostuve hasta que la iglesia fue organizada por José Smith, el Profeta. Entonces fui bautizado por las manos de Oliverio Cowdery, por instrucciones de José Smith, siendo el primero después de José y de Oliverio Cowdery. Y entonces el espíritu me testificó de que todo estaba bien y yo me regocijé en la iglesia establecida.”

 

b)     Martín lleva los caracteres del Libro de Mormón a Charles Anthon.

La búsqueda de la verdad por Martín encontró su realización en José Smith y el registro que él había obtenido. Martín proveyó a José Smith mucho dinero necesario para pagar sus deudas y continuar el trabajo del Señor. En 1827, Martín le dio a José 50 dólares para que se mudara a Harmony. Mas tarde en ese año, Martín visitó a José y recibió una copia de algunos de los caracteres del antiguo Libro de Mormón a fin de mostrarlos a los lingüistas más destacados de ese tiempo. La Historia de la Iglesia en la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos menciona lo siguiente:

 

“Martín Harris fue a ver a por lo menos tres hombres que tenían buena reputación de lingüistas. En Albany, estado de Nueva York, habló con Luther Bradish, diplomático, hombre de estado, viajero experimentado y erudito en lenguajes; en la ciudad de Nueva York, fue a hablar con el Dr. Samuel Mitchill, vicepresidente de la Facultad de Medicina de Rutgers; fue a ver también a un hombre que hablaba varios idiomas extranjeros, incluso hebreo y babilonio, Charles Anthon, profesor del Colegio Universitario Columbia, de Nueva York. Entre las personas con quienes habló Harris, quizás esta última haya sido la mejor calificada para emitir un juicio acerca de los caracteres del documento. Cuando Martín Harris lo visitó, Charles Anthon era profesor adjunto de griego y latín; sabía además, francés y alemán, y, según lo evidencian los libros de su biblioteca, estaba familiarizado con los últimos descubrimientos sobre el idioma de los egipcios, incluso con las obras de Juan Francisco Champollion.

            Según Martín Harris, el profesor Anthon examinó los caracteres y la traducción de los mismos y por iniciativa propia le entregó un documento en el que certificaba a los habitantes de Palmyra que los escritos eran auténticos; además, le dijo que los caracteres se asemejaban al egipcio, el caldeo, el asirio y el árabe, y le expresó la opinión de que la traducción era correcta. Harris metió el papel en el bolsillo y se disponía a salir cuando Anthon lo llamó y le preguntó cómo había obtenido José Smith las planchas de oro que estaban en el cerro; él le explicó que un ángel de Dios le había revelado el lugar al Profeta; al oír esto, Anthon le pidió que le diera otra vez el certificado, lo cual Harris hizo. “. . . Él, tomándolo, lo hizo pedazos, diciendo que ya no había tales cosas como la ministración de ángeles, y que si yo le llevaba las planchas, él las traduciría. Yo le informé que parte de las planchas estaban selladas, y que me era prohibido llevarlas. Entonces me respondió: ‘No puedo leer un libro sellado’”.

 

c)     La pérdida de las 116 páginas

En la primavera de 1828, Martín había servido como escribiente para José. Su industriosidad había producido 116 páginas traducidas de la compilación de Mormón de las planchas mayores de Nefi, conteniendo la historia de los Nefitas desde el profeta Lehí hasta los días del rey Benjamín. Su esposa, Lucy, pensaba que Martín estaba perdiendo su tiempo y dinero en José Smith. Ella acompañó a Martín en uno de sus viajes  a Harmony con la intención de ver las planchas por sí misma. Lucy Mack Smith registra en Historia de José Smith (págs. 119-123):

 

“Tan pronto como ella llegó, le informó el objeto de su visita, a ver las planchas, y que nunca se iría hasta que lo lograra. De acuerdo a eso, sin retraso, ella comenzó a registrar cada rincón y esquina de la casa –cajones, baúles, armarios, etc.; José tuvo la necesidad de sacar tanto el pectoral como el registro de la casa y esconderlo en otro lugar. No encontrándolos en la casa, ella concluyó que José los había enterrado, y al siguiente día empezó a buscar afuera, lo que hizo hasta las 2 de la tarde, cuando se sintió enferma . . .

 

“La mujer estaba confundida y desanimada de su empresa, ella se salió de la casa y buscó alojamiento con un vecino durante su estancia en Pennsylvania, a quien ella le platicó que el día anterior estuvo tras las planchas y que después de una tediosa búsqueda, le vino la idea de que de acuerdo a las circunstancias, debían estar enterradas, pero al estar haciendo a un lado las hojas y nieve, a fin de confirmar el hecho, y cuando pensaba que había descubierto el escondite, se inclinó para mirar dentro y le salió una serpiente negra que la asustó y la hizo alejarse.”

 

Después de este incidente que no satisfizo la curiosidad de su esposa en absoluto, Martín pidió que se le permitiera llevar las 116 páginas a casa. José pidió permiso al Señor, pero la respuesta fue “No”. Debido a la insistencia de Martín, José pidió permiso nuevamente al Señor. En la Historia de la Iglesia, vol. 1, pág. 21 José escribió:

 

“Poco tiempo después de que el Sr. Harris hubo empezado su labor de escribiente, comenzó a pedirme con insistencia que le permitiera llevar a su casa los manuscritos para mostrarlos a algunas personas, y a expresarme su deseo de que yo le preguntara al Señor, mediante el Urim y Tumim, si podía hacerlo. Al fin pregunté y la respuesta fue que no lo hiciera. Sin embargo, él no quedó satisfecho con esa respuesta e insistió en que preguntara de nuevo. Después de mucho rogármelo, volví a preguntar al Señor, y Él entonces nos otorgó el permiso para que Martín Harris llevara los escritos bajo ciertas condiciones, es decir: que los mostrara solamente a su hermano Preserved Harris; a su propia esposa; a sus padres; y a la Sra. Cobb, hermana de su esposa. De acuerdo con la última respuesta, le pedí que me prometiera de la manera más solemne, que haría solamente lo que se nos había indicado, y así lo hizo, dándome su palabra de cumplir lo que le había requerido. Luego partió llevándose los escritos. Sin embargo, a pesar de las grandes restricciones a las que se había sujetado, y de la solemnidad del convenio que había hecho conmigo, los mostró a otras personas, quienes mediante artimañas se los quitaron, y hasta la fecha nunca más los recuperamos.”

 

José era muy joven e inexperto, (José tenía entonces 22 años y Martín 45) quería complacer a su benefactor y confiaba en la edad y madurez de éste; más aún, entre las personas que él conocía, Martín Harris era la única dispuesta a desempeñar la labor de escriba y a solventar los gastos de publicación. A esta actitud hacia Martín el Señor hace referencia en D&C 3:7, Pues he aquí, no debiste haber temido al hombre más que a Dios. Las siguientes semanas y meses fueron un tiempo de oscuro análisis de conciencia y arrepentimiento para el joven profeta.

 

Mucho se ha especulado acerca de lo que le sucedió a las 116 páginas. Daniel H. Ludlow en la Enciclopedia del Mormonismo, pág. 75, escribe,  “Se ha reportado que Lucy Harris dijo que las había quemado. Enfermedad y sufrimiento la inseguridad de la ceguera progresiva, ella dijo que temía que el boicot de Palmyra les llevara a ella y a su esposo a la ruina financiera. Después de la pérdida del manuscrito, Harris cesó su trabajo como escribiente.”

 

d)     El remordimiento de José por la pérdida de las 116 páginas.

El profeta empezó a preocuparse acerca del destino de las 116 páginas mucho antes de que Martín le diera las malas noticias. Poco después de haberse ido Martín Harris, Emma Smith dio a luz un niño, Alvin, que murió el mismo día de nacido, dejando a ambos padres devastados. Emma lloraba como solo una madre puede hacerlo y José no podía dormir. . Él se sentía perturbado por la pérdida de su hijo, la enfermedad de Emma y su desánimo y por la inusual tardanza de Martín. Después de tres semanas, Emma animó a su esposo a que tomara la diligencia y se fuera a Palmyra a ver que pasaba. Durante el viaje José no comió ni durmió. Esto preocupó al otro pasajero, que atendió a José y lo entregó a salvo en casa de sus padres. En la Historia de José Smith, págs. 128-129, Lucy Mack Smith escribe:

 

“Cuando José había tomado un poco de alimento, siguiendo las instrucciones de su acompañante, envió de inmediato a buscar a Martín Harris. Lo hicimos inmediatamente. Y después de haberle dado de desayunar al extraño, preparamos el desayuno para la familia; y suponíamos que el Sr. Harris estaría allí, tan pronto como pudiera, para comer con nosotros, porque él acostumbraba acudir en cuanto se le llamara. A las ocho servimos la mesa, ya que lo esperábamos en cualquier momento. Esperamos hasta las nueve, y no llegó - - hasta las diez, y aún no había llegado – a las once todavía no aparecía. Pero a las doce y media lo vimos aparecer por el camino, andando lentamente y cabizbajo; al llegar se subió a la cerca y se quedó allí sentado, con el sombrero sobre los ojos. Por fin se decidió a entrar en la casa y sentarse a la mesa, pero no pudo probar bocado. Tomó el cuchillo y el tenedor, como si los fuera a utilizar, pero de inmediato los dejó caer. Al ver eso, Hyrum le preguntó con gran aflicción: ‘Martín ¿Por qué no come? ¿Está usted enfermo?, a lo cual él, oprimiéndose las sienes  con las manos, exclamó con un tono de profunda angustia: ‘¡Oh, he perdido mi alma!’ ¡He perdido mi alma!’

 

“José que hasta ese momento no había expresado sus sospechas, se levantó de un salto y le preguntó con gran aflicción: ‘Martín, ¿Ha perdido el manuscrito? ¿Ha quebrantado su juramento, acarreando condenación sobre mí y sobre usted mismo? ‘

Sí, ha desaparecido, contestó él. Y no sé dónde está”

El profeta se quedó abrumado por el remordimiento y el temor, y exclamó: “’¡Todo está perdido! ¡Todo está perdido! ¿Qué haré? ¡He pecado! Soy yo quien ha traído la ira de Dios. Debía haberme quedado satisfecho con la primera respuesta que recibí del Señor, pues Él me dijo que el registro no estaría seguro si salía de mis manos’. Y así continuó sollozando y lamentándose mientras se paseaba incesantemente de un lado a otro del cuarto.

“Al fin, le dijo a Martín que volviera a buscar el manuscrito.

“’No’, le respondió éste; ‘es en vano. Hasta he abierto colchones y almohadas [buscándolo] y sé que no está en ninguna parte’.

“ ‘Entonces’, le dijo José, ‘¿quiere decir que debo volver con esta historia? No me atrevo a hacerlo. ¿Cómo podré presentarme ante el Señor? ¿Y qué reprobación merezco del ángel del altísimo?’. . .

 

 e) ¿Por qué José no volvió a traducir las 116 páginas?

 

La primer edición del Libro de Mormón contiene la explicación de José Smith sobre lo que sucedió con las 116 páginas y porque no podían ser vueltas a traducir (la misma explicación se puede encontrar en D&C 10). Como prefacio a dicha edición, escribió:

 

AL LECTOR---

            Como muchos falsos informes han circulado respecto al siguiente trabajo y también muchas medidas ilegales se han tomado por personas asignadas por el mal para destruirme, y también al trabajo, les informaría que he traducido, por el don y poder de Dios, y que se han escrito, ciento dieciséis páginas, las cuales tomé del libro de Lehí, el cual era un relato compendiado de las planchas de Lehí, por la mano de Mormón; respecto a dicho relato, alguna persona o personas lo han robado y apartado de mí, no obstante mi mayor esfuerzo para recuperarlo de nuevo - y habiendo sido mandado por el Señor de que no debería de traducirlo de nuevo, porque satanás había puesto en sus corazones para tentar al Señor su Dios, al alterar las palabras, que ellos leyeran lo contrario a lo que yo había traducido y hecho que se escribiera; y que si hubiera yo traducido lo mismo nuevamente, ellos hubieran publicado lo que habían robado y satanás hubiera agitado los corazones de esta generación para que no pudieran haber recibido este trabajo: pero, he aquí, el Señor me ha dicho, no voy a permitir que satanás realice sus nefastos planes en esto; en lugar de ello traducirás de las planchas de Nefi, hasta que llegues a donde ya has traducido, lo cual has conservado; y he aquí lo publicarás como el registro de Nefi; y así confundiré  a aquellos que han alterado las palabras.  No permitiré que ellos destruyan mi obra; si, les mostraré que mi sabiduría es mayor que la astucia del demonio. Por haber sido obediente a los mandamientos del señor, he a través de su gracia y misericordia, completado aquello que Él me ha mandado, respecto a esto. También les informo que las planchas de que se ha hablado, fueron encontradas en Manchester, en el condado de Ontario, Nueva York. [véase también D&C 10:10-45]